Hace casi un mes el
pintor Ramiro Llona hizo público lo que se voceaba en el medio: la
galería Lucía de La Puente había decidido subir sus coimisiones
al 50% del valor de venta de las obras. Tras este anuncio, algunos
artistas y fotógrafos han decidido reunirse para conversar y
defender sus derechos.
Un punto interesante que
toca el artículo que pasamos en link y que fue publicado en el
periódico .edu de la PUCP, es la trascendencia de un hecho que corresponde a la realidad de una minoría no solamente de ciudadanos sino de artistas.
Si toda iniciativa para
defender a un gremio es la bienvenida, cabe resaltar que lo que mejor caracteriza a la política cultural peruana es su ausencia. Y lo que
más destaca de la escena artística peruana es su amplía capacidad
de discriminación (estética, económica, centralizada, etc.). De
ahí el peligro de que esta iniciativa aislada cobre la forma de un
lobby más.
Hace ya varios años que
muchas galerías matan al arte peruano, llenando los periódicos con
sus actividades culturales y favoreciendo el lugar común. No hay
ningún duda, tienen toda la legitimidad para existir pero no a costa
de otras manifestaciones contemporáneas menos rentables o más difíciles de definir.
Las soluciones para
remediar a ello son muchas, una de las más sencillas parece ser
escuchar a los que se definen como actores culturales. Toda política
de Estado necesita un grado de centralismo, pero el paternalismo
actual que rige la llegada a Lima de expresiones contemporáneas
provincianas (o incluso de las periferias de Lima) parece pertenecer
a otro siglo.